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El mar de platina que añoró tu esqueleto, látigo de brillos intocables,l a pequeña inocencia de una anemia, ante la sordera inmensurable de los tiempos en que taladramos incontables agujeros de topos en lo que por definición corresponde a tu oídos, lo que cumple el verbo escuchar, en palabras tuyas, tus orejas.
perceptibles pero intocables. Vez que entiendes cuando te digo que fuiste
náufrago, que te empujaré al ultimo de los al fondos de este cuadrilátero
rumiante. Víctima tú, del concepto abobinable, de lo sin nombre, de los
tentáculos de esa pequeña dolencia, se introduce hasta los agujeros ínfimos que
tienes en lo oídos, es el problema de armar conceptos perdurables, sordos, que
no perdonan la inocencia de una refutación.